Nueva nota: Cantar jazz o cómo aprender a liberarse de lo estático de la palabra
Nueva nota para los amigos de Boletin Jazz
lee la nota completa acá:
http://boletinjazz.wordpress.com/2012/08/10/cantar-jazz-o-como-aprender-a-liberarse-de-lo-estatico-de-la-palabra/
¿Por qué? Porque el jazz enseña cosas que hacen que uno nunca más vuelva a ver la música de la misma manera; cosas como libertad, espíritu lúdico y disfrute sin miedos. También, conlleva el inevitable hecho de que cada vez, nos den muchas ganas de estudiar. Cada vez más.
El primer acercamiento para alguien que quiere cantar jazz, sin haber sido criado en ese ambiente, es, casi siempre, escuchar a los grandes cantantes: Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Nat King Cole, y tantos otros. Ir conociendo los standards, por medio de los arreglos de estos gigantes del jazz, imitar fraseos, aprender melodías. Después el oído se vuelve más permeable, y lo que uno empieza a imitar no son solo melodías vocales, sino melodías de los grandes vientos (Coltrane, Davis) y melodías de pianos (Monk, Bill Evans), contrabajos (Mingus) y otros… hasta que un día, uno no imita, sino que inventa. Con melodías que uno trae adentro, más cosas que toma de otros músicos.
La palabra, entonces, se vuelve mucho más flexible. Más flexible que lo que nunca uno imagino en los otros estilos –hablo desde mi experiencia viniendo del rock y el pop. Uno toma la música y la letra como medio de expresión, y elige las palabras a usar, la acentuación y la entonación que quiere darles. Y de repente, no hay más miedos. Porque la única que hay que soltarse 100%.¿ Y qué puede salir mal cuando uno está expresando lo que es uno mismo?
La única manera es soltarse al tema. Escuchar y reaccionar a lo que todos los músicos están creando en el escenario, o living, o donde sea que uno este tocando. Este aprender a soltarse, a “charlar” entre todos los músicos no es fácil, lleva su tiempo, y lleva también me atrevo a decir, cierto desarrollo personal. Y si siguen habiendo miedos, es por sentirse “mudo” por sentir que no tenemos las herramientas para esa “charla”. Ante esto, no queda otra que estudiar. Cada vez las ganas de estudiar se hacen más fuertes, por la necesidad de querer hablar con oraciones más detalladas, de explicar exactamente lo que uno quiere decir. Sea con palabras o desprendiéndose por completo de ellas, uno puede comunicarse libremente. Pero lo importante, es tampoco abrumarse con la cantidad de información: lo importante es que con la cantidad de información o saber que uno tenga uno pueda hablar lo más claro posible. Lo mismo que con cualquier idioma.
Escuchar mucho, estudiar mucho, y soltarse. Dejar fluir. Poner por delante la música y no la expresión individual, pensar verticalmente, trabajar en equipo, ser empático, abrirse. Eso es lo que me enseñó cantar jazz. Y es algo que aplico a todos los estilos. Es algo que aplico a mi vida en general.
Espero que muchos se animen al viaje, aunque no sean devotos del estilo ya que, para mí, estas herramientas son, para mí, invaluables.
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Cantar jazz o cómo aprender a liberarse de lo estático de la palabra. Por María Cueto
Hay mucha gente que nace sin tener ningún contacto con el jazz. Como yo, que nací en una casa donde no se escuchaba esta música. Sin embargo, con el correr de los años, llegué a descubrirlo y terminé cantándolo. Hoy puedo decir que aunque no cante jazz nunca más, el hecho de haberlo cantado me marcó y que, después de eso, nada de lo que cante de hoy en adelante voy a cantarlo como antes de conocer al jazz.¿Por qué? Porque el jazz enseña cosas que hacen que uno nunca más vuelva a ver la música de la misma manera; cosas como libertad, espíritu lúdico y disfrute sin miedos. También, conlleva el inevitable hecho de que cada vez, nos den muchas ganas de estudiar. Cada vez más.
El primer acercamiento para alguien que quiere cantar jazz, sin haber sido criado en ese ambiente, es, casi siempre, escuchar a los grandes cantantes: Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Nat King Cole, y tantos otros. Ir conociendo los standards, por medio de los arreglos de estos gigantes del jazz, imitar fraseos, aprender melodías. Después el oído se vuelve más permeable, y lo que uno empieza a imitar no son solo melodías vocales, sino melodías de los grandes vientos (Coltrane, Davis) y melodías de pianos (Monk, Bill Evans), contrabajos (Mingus) y otros… hasta que un día, uno no imita, sino que inventa. Con melodías que uno trae adentro, más cosas que toma de otros músicos.
La palabra, entonces, se vuelve mucho más flexible. Más flexible que lo que nunca uno imagino en los otros estilos –hablo desde mi experiencia viniendo del rock y el pop. Uno toma la música y la letra como medio de expresión, y elige las palabras a usar, la acentuación y la entonación que quiere darles. Y de repente, no hay más miedos. Porque la única que hay que soltarse 100%.¿ Y qué puede salir mal cuando uno está expresando lo que es uno mismo?
La única manera es soltarse al tema. Escuchar y reaccionar a lo que todos los músicos están creando en el escenario, o living, o donde sea que uno este tocando. Este aprender a soltarse, a “charlar” entre todos los músicos no es fácil, lleva su tiempo, y lleva también me atrevo a decir, cierto desarrollo personal. Y si siguen habiendo miedos, es por sentirse “mudo” por sentir que no tenemos las herramientas para esa “charla”. Ante esto, no queda otra que estudiar. Cada vez las ganas de estudiar se hacen más fuertes, por la necesidad de querer hablar con oraciones más detalladas, de explicar exactamente lo que uno quiere decir. Sea con palabras o desprendiéndose por completo de ellas, uno puede comunicarse libremente. Pero lo importante, es tampoco abrumarse con la cantidad de información: lo importante es que con la cantidad de información o saber que uno tenga uno pueda hablar lo más claro posible. Lo mismo que con cualquier idioma.
Escuchar mucho, estudiar mucho, y soltarse. Dejar fluir. Poner por delante la música y no la expresión individual, pensar verticalmente, trabajar en equipo, ser empático, abrirse. Eso es lo que me enseñó cantar jazz. Y es algo que aplico a todos los estilos. Es algo que aplico a mi vida en general.
Espero que muchos se animen al viaje, aunque no sean devotos del estilo ya que, para mí, estas herramientas son, para mí, invaluables.
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